Monday, July 30, 2007

reviving the city, idea under construction

hello, i'm posting this from my dissertation to see if posting it will sharpen my attention and generate any helpful ideas from a reader or two. so please send me your reaction/thoughts if you're reading this. i suppose it doesn't really make sense without providing some background, but i don't have time right now. maybe later. sorry if this sounds stuck up, but that's what higher ed is all about. i'll take it down or better explain it later. thank you in advance!

Andreas Huyssen in his academic book Present Pasts: Urban Palimpsests and the Politics of Memory talks about “the explosion of memory discourses at the end of the twentieth century” (__). The tendency in nearly all of the academic scholarship that has been published in the last two decades on historic memory is to advocate a need for recuperating the memory and history what has been lost to past dictatorships, wars, exile. While I agree with him that “memory discourses are absolutely essential to imagine the future and to regain a strong temporal and spatial grounding of life and the imagination in a media and consumer society that increasingly voids temporality and collapses space” (__). I also see the politically and emotionally stalling and depressing nostalgia it produces this makes me wonder: when will the process of recuperating historical memory complete? When a certain quota of monuments that commemorate marginalized subjects in the center of the city has been fulfilled? When utopia is achieved? What is needed to demystify and defragmentize urban history? These are important questions if we want to alleviate the pain of us urban-nostalgics and increase a more humanitarian historical consciousness in theory and practice. Perhaps the only solution lies in the hypothetical? Now I’d like to share a hypothetical scenario that has been tickling my imagination for a couple years now. What if nothing was ever destroyed in the city? Let us use our imagination to rewind Barcelona for a moment. Imagine if the turn-of-the-century textile factories returned to the Raval and the SEAT factory to Poble Nou, if the cheap desarrollismo construction in the periphery remained, if Franco’s equestrian statues returned to the plazas, if the shabby barracas reappeared along the coast, if the trolleys began retracing their routes from Gràcia to the Plaça de Catalunya, if in the Eixample still glimmering with beautiful modernist buildings but next to them grazed pigs and sheep and the wheat that preceded it, if the medieval walls went back up around the historic quarter, and so did the medieval synagogue on Call street, and if the streets were dirt, cobblestone and slick asphalt at the same time, and the Greek and Phoenician tombstones rose to the surface? Many questions occur to me. For example, by what names would we call the streets? Would there be unemployment? What would happen with places whose function is out-dated, such as dirt roads and the Roman cloacae? With so much ethnic architectural diversity would there be more social tolerance? How long would the farm animals survive in the Eixample? Why is this scenario confined to the hypothetical realm to begin with? Because there’s not enough space in Barcelona or any European city. The city would have had extended lengthwise running itself into the sea and mountains. But what if space were unlimited or in more abundance like in American cities? So much monumental and abolished history would be disclosed and on top of each other. It’s a hypothetical translation of Benjamin’s/Klee’s angel, the ultimate palimpsest, loads and loads of historical residues accumulated before us. Architects, students of art history, architectural preservationists, sociologists, and tourists would have a ball with their notepads and cameras. Not only that, but, returning to the topic of this chapter, could one still critique censorship, fragmentation, and mystification of history/memory if all its material references reappeared in public space? What would we learn about history? How would the state redefine cultural heritage (patrimonio cultural)? How would that time-intense scenario make us feel? Would we be able to emotionally take it--would we pass out or would we simply get used to it, developing an even thicker version of Simmel’s numbing blasé attitude to protect ourselves from the abundance of stimuli and surprises?

While the idea is fun to think about, in practical terms, I believe that the process of recuperating historical memory will be more so “complete” when authority stops exerting their hegemony over history, when memory is liberated to take it’s own organic narrative and duration. I suppose this could be reduced to our basic need for “belongingness” (Abraham Maslow). This need relies on ontological competition, the creation of enemies. With competition and enemies, memories of different political ideologies, different religions, different genders... will always be in conflict and one will continue to shade the other. If we could abolish the competitive instinct, then perhaps we would be able to strike a more peaceful balance with temporality (and our neighbors)!!


Help!




3 comments:

Migue said...

So many questions to answer my friend!
Creo -pienso que como tú- que no podemos mantener todo el pasado en las ciudades (ni en la Historia). El pasado pasado es, y no es presente ni es futuro. Otra cosa es dejar restos, trazos que nos recuerden que las cosas eran de una forma y que marquen el recorrido que hemos realizado hasta ahora. Por ejemplo, si no recordamos la fabrica SEAT de Poblenou quizá tendremos una visión demasiado pacífica e idílica del desarrollo capitalista en la Barcelona actual.
Por tanto, creo que el pasado no puede permanecer constantemente en el presente... porque es imposible, pero también porque sería anacrónico (¿qué hace una calle de polvo y tierra en la barcelona actual?). Pero el presente (y el futuro) no pueden ser independientes del pasado: necesitan estar ligados a él, estar enganchados por restos, vestigios, recuerdos, memoria.
Espero haberte ayudado. Redactando soy un poco caos. Besos!

albert said...

Estoy en desacuerdo contigo Migue sobre tú visión del pasado. Creo que es una visión bastante estática. El pasado es, al igual que una ciudad, un organismo vivo que esta en permanente construcción. El fin de la historia no ha sido más que una utopía neoconservadora ( para mi un mal chiste). El pasado tampoco es simplemente lo que nos ha permitido llegar hasta este momento del tiempo y del espacio en que nos toca vivir. Es evidente que el conocimiento del pasado influye en nuestra visión del presente pero esta relación se produce a la inversa y, desde luego, de una manera nada inocente. Por ejemplo el centro Comercial de La Maquinista, ocupa los terrenos de lo que antes era las fábricas de la Maquinista Terrestre y Marítima. Cuántos de los jovenes que van a pasar sus horas de ocio en ese centro comercial saben del verdadero significado de ese nombre; lo mismo se podría decir del parque de la canadiense en el paral.lel. Pero acerquemonos ahora al Raval. Megan tú tienes un post dedicado a Remei, una viuda del Raval que se lamenta porque están trasformando su barrio (según el ayuntamiento higinizándolo). Tal vez deberías sustituir aquí la palabra Raval por el Barrio Chino; creo que ese es el verdadero objeto de la nostalgia de Remei. Pero cuando Remei se refiere a su barrio, al chino, cuántos de sus conciudadanos saben verdaderamento de lo que habla. Ahora ese espacio todo el mundo lo conoce Raval y aunque ocupa el mismo espacio con el Chino y también comparte inumerables problemas relacionados con la marginación, el barrio ya no es el mismo. Mi hermana, su marido (ambos profesionales liberales) y sus dos hijos se van a instalar en la misma calle Hospital. Mi sobrinos crecerán en el Raval y posiblemente su recuerdos cuando sean mayores les será dificil asociar a ese barrio los recuerdos de Remei. Y lo mismo podriamos decir de nombres de otros barrios que se han perdido para siempre, o cuántos barceloneses menores de cuarenta años son capaces de situar en el mapa de la ciudad el Morrot, Camp de la Bota, El somorrostro… Pero volviendo al tema, que es lo que una ciudad debería conservar? Es francamente dificil. Deben ser vestigios, huellas del paso en este lugar de nuestros antecesores. Si esto es así, no puedeo evitar en pensar en la imagen del grupo de turistas disparando sin parar su máquinas de fotos sobre el momumento de turono sin apenas preguntarse que misterios, miserias gandezas encierran esas piedras. Esos momumentos no establecen una verdadera comunicación con el presente, son objetos muertos, como pueden ser las tres chimenas de la Canadiense. Como he dicho al principio el pasado es un ser vivo que esta siempre reelaborandose. Por ejemplo: la plaza Sant Felip Neri, Desde muy joven ése ha sido uno de mis lugares favoritos de la ciudad, desde un unos pocos años se ha convertido en lugar bastante concurrido a varios spots rodados allí y por la terreza de un hotel abierto hace pocos años. Si habéis estado en esa plaza parece un conjunto arquitectonico bastante armonioso. Desde la iglesia barroca que le da el nombre, a los palacios de XV y del XVI, pasando por a fuente central. Pero esa armonía que parece producida por el buen hacer del paso del tiempo no es más que un pura ficción. Los palacios no son elementos originales de la plaza. Eran palacios amenazados por la apertura de la Via Layetana, y ante la posibilidad de ser derribados para siempre se trasladaron de su emplazamiento original hasta la plaza S. Felip Neri para salvaguardarlos. Es una reelaboración del pasado, una ficción de la ciudad sobre si misma, tal vez como las ficciónes que explica Remei sobre sus recuerdos del Chino. Además en esa plaza hay uno de los mayores monumentos que se han hecho en la ciudad a las victimas de los bombardeos de la guerra civil. En la fachada de la iglesia, como una rostro picado por la viruhela, se pueden observar los restos de la metralla de dos bombas caídas en la misma plaza y que causaron un gran número de muertos. Desde entonces nadie ha repararado las heridas de esa fachada. Francamente no sé el por qué, pero observandolo no puedes dejar de estremecerte pensando en ese horror.

No sé si todo este rollo que te he soltado te responde alguna de tus preguntas. Son las 2.30 de la mañana y a las 7 me voy a Alemania por unos días, así que aunque me gustaría continuar debo dejarlo.
albert

Eva said...

Barcelona es una ciudad antigua marcada por ese cruce de caminos romano: el cardus y el decumanus,

esta crossroad genera;

un centro
una actitud de mirar a derecha e izquierda si no quieres que te atropelle una cuadriga o un coche

en el mundo anglosajón lo que domina es la main street a partir de la cual se define todo el espíritu del barrio. Una calle como aquellas por las que pasaba la diligencia en la conquista del oeste.

Es como si el carácter urbano de una estuviera preparado para el paso de la diligencia y el de la otra para encontrar como destino justo el centro.

Así que la Historia de Barcelona se escribe y reescribe siempre sobre el cardus y decumanus que sería la zona de plaza de Cataluña y alrededores. En Londres el centro estuvo en la City, que se quemó en 1666 y luego se desplazó al Soho, y ahora sería más o menos Picadilly. En Londres no hay palimseptos, hay nuevos documentos, el incendio de la City se puede decir que fue casi total a nivel de memoria histórica. Y esto tiene que ver con los materiales de construcción. Pues en el norte de Europa dominó siempre la madera y en el sur la piedra. Por eso italianos y españoles alardeamos siempre de conservar tanto patrimonio histórico.

Sin embargo, cuando paso todo los días por la estación de Victoria y observo los edificios del s.XIX la sensación de historia que tengo es total. En Barcelona nunca sufrí tal impacto emocional. Y yo creo que tiene que ver con la forma de conservar la historia en cada país. Y con la funcionalidad. Aquí atravieso parques continuamente y esto me hace sentir 'fuera'. En Barcelona siempre estoy 'dentro'.

Un día sentada en la plaza Corromines en el Raval una inmigrante andaluza que esperaba en un banco para comer en el comedor comunitario que hay allí me dijo: 'yo vine a Barcelona porque me habían contado que el Tibidabo era muy bonito, me quedé en casa de mi prima unos días y, mira, ya llevo 45 años aquí viviendo en el mismo barrio'. Creo que nunca visitó el Tibidabo.

Los arqueólogos hablan de que hay 7 Troyas, una encima de la otra como capas o estratos. Pero la Troya que nos queremos imaginar no existirá más. Existió pero no fue real. Por lo tanto no hay una Barcelona 'absoluta' que imaginar. Barcelona es un puzzle de diferentes estilos arquitectónicos marcados por las ganas de hacer dinero o no de los agentes inmobiliarios de cada época. En general las estatuas y los monumentos nos hablan de las grandes familias que han hecho fortuna, de sus hijos que se convirtieron en militares o religiosos.

mi padre cuando era camionero durante la dictadura subía desde el sur con su camión para descargar productos en el puerto. Para él Barcelona era una ciudad funcional y fea. Y en general para el resto de españoles, Barcelona no era nada especial. Yo creo que desde los ochenta los arquitectos han conseguido darle una personalidad que nunca tuvo y que nos gusta. Acompañado del estilo de vida gay y hedonista que impera y del buen tiempo (a pesar del pegajoso y caluroso mes de agosto). La cultura gay de la ciudad es muy propensa a coger mitos rancios y caducos, que elige conservar o destruir y con los que se ríe para eliminar en ellos toda tensión política. Aquí en Londres continuamente encuentro estatuas o conjuntos escultóricos sobre temas militares, de las colonias, muy agresivos. Los gays todavía no han conseguido gobernar la ciudad.

Creo que la historia de Barcelona siempre fue secundaria en la historia de Europa. Y desde 1989 más o menos pasó a ser prioritaria al imaginario colectivo de los españoles por las olimpiadas. Exactamente, sino recuerdo mal, cuando un atleta ciego o minusválido lanzó una flecha con fuego hacia el pebetero del estadio olímpico (jajaja). Aquello fue increíble para todos. Y para el resto del mundo cuando monserrat caballé y freddy mercury (odio esta canción) gritaron desde montjuic la palabra Barcelooonaaaa...

http://youtube.com/watch?v=QFLu6bu7LEk

...como táctica publicitaria brutal para la llegada de turistas masiva low cost.

¿Por qué no le haces una entrevista al director de una agencia inmobiliaria más importante de Barcelona acerca de su concepto de historia y urbanismo?